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diumenge, 1 de març del 2015

Reseña: Plata quemada

Quisiera reseñar el libro de Ricardo Piglia, Plata quemada (1997), col. Contem-poránea, ed. Debolsillo, Barcelona, 2013. En la contraportada del libro se dice escuetamente el asunto, pero se le escapa el lenguaje de la narración.

Estamos delante de una novela negra, negrísima. Un atraco preparado desde diferentes estamentos en los que unos utilizan a otros para sus propios intereses. Sin embargo, los personajes que aparecen determinan lo que  va a suceder. Lo que acontece es un drama donde la violencia se hace dueña de la acción. No es una violencia gratuita. Ricardo Piglia no se deja arrastrar por ella. La utiliza como un instrumento necesario de un grupo de forajidos sin alma, porque previamente se les a desalmado en los reformatorios, en las cárceles y con el trato con la policía.

La historia se sitúa en San Fernándo, provincia de Buenos Aires en 1965. Los actores del drama son: El Nene Brignone, Dorda, El Gaucho Rubio, Malito, el cerebro; el Cuervo Mereles, y la némesis de todos ellos el comisario Silva. Hay otros personajes, pero los nombrados son los actores de la tragedia.




Robo de un furgón con las nóminas, matar a los ocupantes del furgón, darse a la fuga. Esconderse, e iniciar la caza a los delincuentes. Un reguero de muerte, odio y andrenalina surcan las calles donde se ha cometido el robo. La huida supone salir del país. Uruguay es el escape. Los delincuentes tienen sus historias particulares. El Nene, hijo de familia bien, se empieza a torcer cuando es adolescente y su deriva acaba con la muerte de su padre de un infarto al saber a qué se dedica. Un malandra de mucho cuidado. Todos son unos malandras. Dorda es un psicópata que oye voces en su interior. Las drogas le alivian esa cháchara permanente de su cerebro. Dorda y el Nene tiene una auténtica simbiosis de amantes/amigos.

“El comisario Silva, de Robos y Hurtos, no investiga, sencillamente tortura y usa la delación como método. (...) Había armado un escuadrón de la muerte siguiendo el modelo de los brasileños” (pág.46).

Silva ha logrado hilvanar lo que ha sucedido apretando tuercas a los eslabones más débiles de cadena. “La policía siempre actúa con la certeza de que los pistoleros son como ellos, es decir, que los pistoleros tienen el mismo equilibrio inestable de decisión y de cautela que tiene un hombre común al que le dan un uniforme que representa la autoridad y le dan un arma mortal y el poder de usarla. Pero la diferencia es abismal, es la misma diferencia que existe entre luchar para vencer y lucha para no ser derrotado”.

Finalmente, la policía logra que los atracadores se oculten en un piso que tienen controlado. Sin embargo, la ratonera es tan letal para los delincuentes que se verán atrapados como para la policía que no podrá entrar fácilmente.

El en detpo –departamento-, Malito, el cerebro, no ha entrado. Sus compañeros que están atrincherado saben que están solo rodeados de policías.  “Hablaban así, eran más sucios y más despiadados para hablar que esos canas [policías] curtidos en inventar insultos que rebajan a los presos hasta convertirlos en muñecos sin forma. Tipos pesados, de la pesada pesada, que se quebraban en la parilla, que se entregaban al final, después de oír a Silva insultarlos y darles máquina durante horas, para hacerlos hablar. Los restos muertos de las palabras que la mujeres y los hombres usan en el dormitorio y en los negocios y en los baños, porque la policía y los malandras (pensaba Renzi) son los únicos que saben hacer de las palabras objetos vivos, agujas que se entierran en la carne y te destruyen el alma como un huevo que se parte en el filo de la sartén”. (pág.126-7)



Renzi es el reportero que cubre la noticia. Los medios dieron cobertura exhaustiva al atraco. El Mundo, el diario para el que trabaja Renzi, lo había enviado a Montevideo para cubrir el desenlace de atraco.

Atrapados como ratos en el depto, los malandras empiezan a realizar el acto más nefando que cabe realizar: ¡Quema la plata! ¿Cómo se puede realizar tamaño despropósito? Se roba, se mata, y después se quema el dinero.

“-Están quemando la plata.
Si la plata es lo único que justificaba las muertes y si lo que han hecho, lo han hecho por plata y ahora la queman, quiere decir que no tienen moral, ni motivos, que actúan y matan gratuitamente, por el gusto del mal, por pura maldad, son asesinos de nacimiento, criminales inservibles, inhumanos. (...) La gente, indignada, se acordó de inmediato de los carenciados, de los pobres, de los pobladores del campo uruguayo que viven en condiciones precarias y de los niños huérfanos a los que ese dinero habría garantizados un futuro” (pág.130)

“ Surgió ahí la idea de que el dinero es inocente, aunque haya sido resultado de la muerte y el crimen, no puede considerarse culpable, sino más bien neutral, un signo que sirve según el uso que cada uno le quiera dar”

“Y también la idea de que la plata quemada era un ejemplo de locura asesina. Sólo locos asesinos y bestias sin moral pueden ser tan cínicos y tan criminales como para quemar quinientos mil dólares. Ese acto (según los diarios) era peor que los crímenes que habían cometido, porque era un acto nihilista y un ejemplo de terrorismo puro” (pág.131).

En el depto había tres malandras con todo un arsenal para hacer la guerra y a su alrededor cerca de trescientos policías. La encerrona duró quince horas. El Nene, y Mereles cayeron abatidos en las refriegas. Dorda milagrosamente sobrevivió a la hecatombe.

En el epílogo nos narra cómo se fue fraguando la novela. Realidad y ficción llevan al lector a un conclusión inquietante: policías y ladrones se necesitan. ¿Qué hubiera pasado si Dorda, el Nene, y Mereles, hubieran nacido en familias acaudaladas, respetables. El Nene es el único que tuvo esa vida, pero la malogro. Es la excepción que confirma la regla. Si hubieran tenido una vida regalada, es posible que el reguero de injusticias, maldades y muertes no se hubieran realizado. O tal vez sí, quién sabe.


dissabte, 27 de desembre del 2014

Cámara Gesell

Reseñas

Cámara Gesell, Guillermo Saccomanno. (Seix Barral) Ed. Círculo de Lectores, Barcelona 2013.

La obra podríamos resumirla con las palabras de J.L.Borges cuando dice: “Es una obra abarrotada de destinos humanos, casi todos trágicos¨ (pág.783)” (Miscelánea, ed. Debolsillo, Barcelona, 2011). El comentario de Borges es tan exacto y certero, que ahora mismo, debería dejar de seguir escribiendo. Sin embargo, la obra de Saccomanno es una historia entrecruzada de vidas humanas cuyo eje conductor es Dante que es la Voz de la ciudad, una voz que querría ser más libre pero que como todos está mediatizada por fuerzas que escapan al control de nuestros deseos.



Cámara Gesell, es un experimento, donde la sociedad argentina y por extensión cualquier sociedad se expresa como son y somos en la órbita  de una pequeña ciudad. Micro-macro-cosmos. Poder y corrupción son el lubricante que hace que la ciudad balneario funcione. Deseos y pasiones se entremezclan sin solución de continuidad. Violencia, sexo, racismo, caza de brujas, tráfico de influencias, corrupción política, infidelidades, sueños, realidades amargas, y un sin fin de peripecias a medio camino del reportaje periodístico y la novela negra.

“Guarda, no te pasés de moralista: no somos gente jodida. Somos humanos. Y como todos, tenemos nuestros defectos. No se puede estar el día entero pensando en los ortitos sangrantes de los nenes, las tripas colgando de los acuchillados, la sangre manando de los baleados, los fetos húmedos tirados en los pastizales, los moretones de las mujeres golpeadas, el espanto y la humillación de las violadas, el asesinato a martillazos de los jubilados robados, los cuerpos en llamas de los pobres cabezas en el incendio de una tapera. Si te das manija, estás frito. Para vivir hay que saber olvidar” (pág.577).

Hay un elemento a tener en cuenta. El castellano se transforma  en una eclosión “castiza” de expresiones argentinas que no siempre es fácil seguir. A pesar del desconcierto inicial la novela se deja leer con interés creciente.

La novela deja traslucir toda una serie de reflexiones que dan que pensar. Transcribo algunas de ellas:

“ Un país que ha tenido campos de concentración está podrido hasta el tuétano. Somo todos gusanos” (pág.166)

Hace unos días que frente  a nuestra costa empezó a incendiarse un barco pesquero. (...), de noche impresionaban esas llamas surgiendo del mar. Como si se pudiera hacer una fogata en la superficie del océano.” (pag.180)

“Todos queremos entrar al paraíso, somos capaces de todo con tal de entrar. De joder a los que están adelante, en la fila. Y después, cuando estamos frente a la puerta, si está cerrada, timbreando o a las patadas, vamos a intentarlo. Hasta que nos damos cuenta de que la puerta se abre hacia fuera. Y ya es tarde.” (pág.249)

“Aprendé del silencio que siempre está escuchándote.” (pág.281)

“Más que una Villa esto parece una reserva africana donde las hienas son una    especie protegida. Todos somos fieras carroñeras. Y encima nos reímos.”(pág.281/2)

“El cielo es el soborno de Dios.”( pág.338)

“Cuando perdemos a los padres se nos llama huérfanos. Cuando perdemos al cónyuge se nos llama viudos o viudas. Pero cuando perdemos a un hijo no tiene nombre.” (pág.380)

“Según el National Geographic, (...), la yerba mate es una infusión amarga que fascina y estimula a los habitantes del Cono Sur. Lo que explicaría mucho de lo que nos pasa. Demasiado estímulo.” (pág.387)

“Todavía sigue con ese chiste el viejo Nazar: Soy tan dulce que Dios me castigó haciéndome diabético.” (pág.398)

“Pero cuando el ser querido ha muerto, qué sentido tiene quedarse. Si uno quiere acompañarlo, lo único que puede hacer es quitarse la vida” (pág.551)

“Si todos nos creíamos el caso de los abusaditos, es porque muchos albergan entonces una fantasía proyectiva que los vuelve todavía más mierdas.” (pág.565)

“De pronto le vienen unas súbitas ganas de cagar. Y cuando se tiene que limpiar el orto agarras el diario. Ése, con suerte, será el destino de todo lo que hicimos y hacemos, nuestras canalladas espontáneas y nuestras redenciones tardías, la memoria de nuestra presunta grandeza y la culpa enterrada en cada conciencia, lo que quedará de nuestros desgarramientos en nombre de la pureza violada.” (pág.566)


Acabo, la obra es potente, seduce  y conmueve por la trama de humanidad que atraviesa la novela. Los hilos de las historias se entremezclan, a través de uno de los hallazgos de la novela. Los Kennedy. Así llamados porque son los que cortan los hilos de la Villa. Nada ni nadie se mueve sin el visto bueno o malo de ellos. Ellos y ellas mandan. Cada uno tiene  como todos su propio infierno, pero como dice en el texto:

“En alguna parte leí que la estrategia de sobrevivencia en el infierno consiste en elegir a quien es menos infierno. Estrategia oportunista, digo. Si hay que arder, que arda todo. Como decía aquel que citaba a un poeta mientras incendiaba una ciudad: Dejemos hablar al viento. Que silbe fuerte hasta convertir este lugar en una quema. Achicharrados, oliendo a basura. Acaso merecemos un destino mejor, eh”. (pág.579)

Novela negra, negrísima para describir en crudo una sociedad humana donde lo inhumano se hace cotidianidad, y donde la virtud solo puede ser vista por el microscopio.


“Lo que todos sabemos de todos, como es previsible, siempre es más de lo que sabemos de nosotros mismos. (...) Yo no soy el que te pensás. Yo no soy el que denunció al vecino a la Municipalidad por esa pared ilegal. Yo no soy quien le dejó esa marca en la cara a la nena. Yo no soy el que se mueve a tu cuñada. Yo no soy el que te envenenó al perro. (...) Yo no soy el que se cojió a mi sobrinito. Yo no soy. Y nosotros sabemos que no somos nosotros porque no sabemos nada de nosotros”. (pág.520)



dissabte, 18 de desembre del 2010

El hombre inquietante

Acabo de leer la novela de Mankel " El hombre inquieto". La obra es un ejercicio sobre la nueva era de la globalización. Hay espías que parecen desubicados después de la "Guerra fría", hay muertes por razón de estado, traiciones y deslealtades, también amistad y sacrificio. Como la vida misma. La obra de Mankel y su inspector de policía K.Wallander tendrá que resolver un intrincado laberinto. Es su última aparición. Su testamento y testimonio de una Suecia que vistos desde los ojos mediterráneos resulta desconocido y sin embargo, para el inspector resulta cada vez más confuso.

Las señas de identidad antes de la era global resultaba fácil ubicarse. Un territorio y una soberanía nacional que jugaba en un escenario marcado por las reglas que parecían inmutables de la Conferencia de Yalta. Sin embargo, el papel del estado-nación ha ido perdiendo lustre a lo largo de estas últimas décadas. La globalización en el orden económico, político y social están poniendo a prueba a ese estado que se ve inmerso en corrientes que no puede control.



La historia que cuenta Menkel-Wallander es sencilla: su futuro suegro desaparece misteriosamente. Poco después la esposa también desaparece y posteriormente es encontrada en medio del bosque, muerta en extrañas circunstancias. Wallander tendrá que indagar en mares procelosos, para buscar algún indicio que le permita averiguar lo sucedido.

Estas pesquisas le llevan a Menkel a explorar una parte de la historia reciente de Suecia. La historia y la vida se dan la mano, pues, la hija de Wallander aparece en escena. Linda, la hija de Wallander, que finalmente ha escogido el mismo oficio que su padre. Hay personajes que reaparecen, como Baiba para despedirse. Es una novela de despedida. Vuelve a reaparecer Mona, la madre de Linda, cuya vida después de la separación con Wallander no le ha sentado demasiado bien. Por ello, la novela es un final. Wallander se hace viejo, no resulta fácil reconocerlo, vivimos en una sociedad que se vanagloria de la eterna juventud. Hay una nieta, Klara que expresa la esperanza en el futuro, aunque los protagonistas sean ya otros.

dilluns, 10 de maig del 2010

La barbarie siempre tiene forma humana


La nueva entrega de Henning Mankell y su detective Wallander, titulada “La pista falsa” se adentran en esta nueva historia en un grado más de barbarie y crueldad.

Las historias se entrecruzan entre las vidas de la alta sociedad sueca y los bajos fondos. Los extremos se tocan. Las muertes violentas de un ex ministro de justicia, Wetterstedt, la de un marchante de obras de arte, Arne Carlman, la de un delincuente de poca sustancia, llamado Björn Fredman, y la de un personaje Ake Liljendren, dedicado al mundo de los negocios, llevan a Wallander y a su equipo a situaciones límite.

Además, el suicidio en un campo de colza de una joven cuyo nombre descubrirán: Dolores María Santana, ante la impotencia de Wallander para salvarla, hace que reflexione sobre la vida y la muerte. ¿Cómo es posible que alguien con toda la vida por delante acabe con su vida? “Vivo en un mundo donde los jóvenes se quitan la vida porque no la soportan”. “Si voy a seguir siendo policía tengo que entender el porqué”.(pág.68)

El modus operandi del asesino en serie parece sacado de un película de serie B americana. ¿Es posible que ese “modus operandi” sea un pista falsa? Una forma de llevarnos lejos del verdadero culpable? Wallander sufre ante esa posibilidad. A medida que los muertos se van acumulando y las pistas parecen que retratan a unos personajes oscuros y con secretos inconfesables las posibilidades se hacen cada vez más débiles e inconsistentes.

La aparición de un asesino en serie lleva a Wallander a buscar pistas en todas las direcciones. Los problemas domésticos siguen sus propias dinámicas. Un padre cada vez más viejo, un hija que no sabe qué dirección imprimir  su vida y una relación difícil que se ve agravada por la distancia hacen que Wallander se sitúe siempre al borde un ataque de nervios.

Wallander reflexiona como en la plácida Suecia pueda ocurrir algo semejante. Mankell/Wallander dibuja un mapa sociológico: “Pero en alguna parte durante los años cincuenta hay una línea divisoria.Es invisible, pero está ahí. Había meios ilimitados para construir y acabar con los restos de la pobreza. Y al mismo tiempo se produjo un cambio en la vida política. Los políticos se convirtieron en profesionales. Ambiciosos profesionales. Antes, el idealismo había sido el elemento dominante de la vida política. Entonces ese idealismo empezó a diluirse” (pág.237)

Wallander utiliza a todos los efectivos de la policía para rastrear cualquier posible indicio acerca de la identidad de un asesino que utiliza una violencia extrema. En esas acciones hay algo personal. A lo largo de la historia nos enteramos de las motivaciones del asesino.



Las conexiones van apareciendo y se va percibiendo que existe una trama de trata de blancas. Víctimas colaterales aparecen para dar pie en esa dirección. Wallander presiente que los asesinatos tienen algo que ver con todo ello, pero no sabe aún cómo. Estamos mal acostumbrados por las películas a descubrir a los asesinos desde el primer momento. Pero la acción policial empieza precisamente cuando el asesino ya no se encuentra en el escenario del crimen.
El asesino ha dejado huellas, saben que es la misma persona que ha ido asesinado dejando su sello personal. Tarde o temprano encontraran un hilo de Ariadna que los conducirán al asesino sin rostro. Mientras Wallander interroga a  los familiares de la tercera víctima siente un malestar que no logra retener. La familia del asesinado es un reflejo que la sociedad sueca no es lo que aparece ser, una sociedad modélica. Una madre alcoholizada,  un hijo mayor que contesta con precisión a las preguntas del policía acerca de quien podría ser el asesino que ha matado al cabeza de familia. Un niño pequeño cuyos ojos refleja miedo y una hermana que no siempre está de viaje.

“Se preguntó con desconsuelo en qué mundo estaba viviendo. (..). Las ilusiones que se habían forjado resultaban sumergidos en una época que se podría llamar el tiempo de los fracasos. Las ilusiones que se habían forjado resultaron ser menos sólidas de lo esperado. Creían edificar una casa y lo que hacían en realidad era erigir un monumento sobre alfo ya pasado y casi olvidado. Suecia se derrumbaba alrededor de él, como un sistema político de estantes gigantes que se vinieran abajo. Nadie sabía quiénes serían los carpinteros que estaban en el recibidor esperando entrar para colocar las nuevas estanterías. Tampoco sabía nadie cómo serían éstas.(…) La gente joven se suicidaba, o al menos intentaba hacerlo. (…) Las viviendas eran escondites más que hogares acogedores. Y los policías estaban callados esperando el momento en el que vigilasen sus celdas de arrestos unos hombres con otros uniformes, los hombres de las empresas privadas de seguridad” (pág.295-6)

Wallander siente la fragilidad de los jóvenes cuando tiene que presenciar un suicidio atroz y además una de las hijas de uno de los asesinados intenta suicidarse. El mundo esta cambiando y Suecia con ella. Esos cambios no le gustan porque no entiende como es posible todo lo que esta pasando a su alrededor.

Acabo, la literatura tiene la ventaja de que puedes inventar una realidad atroz en un mundo perfecto. Y al revés, puedes inventar una realidad perfecta en un mundo imperfecto como es el nuestro. No explico el desenlace. Las pistas acabarán llevándole a una dirección que Wallander no quería ver. Por supuesto, la realidad supera siempre a la ficción. Por ello, Mankell tiene espacio para reflexionar sobre la condición humana y las instituciones sociales que hacen que nuestras sociedades sean habitables. Wallander se plantea cómo podría ser una policía que en vez de esta al servicio de la sociedad estuviera al servicio de empresas cuyo objetivo sería la rentabilidad. 

dilluns, 26 d’abril del 2010

El hombre sonriente.


La novela de Mankell  titulada “El hombre sonriente” aborda una nueva temática. ¿Qué tipo de personas hay detrás de las grandes corporaciones? En esta nueva entrega Wallander  se enfrenta a un nuevo tipo de criminal. Éste ya no es el clásico delincuente si no que estamos delante de una tipología nueva. Aquel que tiene poder y cree que pueda hacer cualquier cosa porque está por encima de toda sospecha.

El punto de arranque de la novela es la muerte de un abogado, Gustatf Torstensson. En la investigación preliminar se determina que ha sido un accidente. Wallander que ha pasado por un infierno personal debido a los acontecimientos provocados por su anterior investigación en la que tuvo que hacer frente a un asesino implacable y, para defender su vida, tuvo que matar. Éste hecho lo llevó a una profunda depresión pensando seriamente en dejar la policía.

En las playas de Jutlandia, en Skagen, intentando asimilar su experiencia traumática, es abordado por el hijo del abogado muerto aparentemente en accidente, Sten Torstensson, que conocía a Wallander. Le confiesa sus dudas acerca de ese accidente. Tiene el presentimiento de que detrás de ese accidente haya algo más pero no tiene ni certezas ni pruebas. De la conversación que tienen detecta miedo.

Cuando Wallander se reincorpora a la policía y se ve inmerso en la  investigación del presunto accidente del padre  de Sten Torstensson. Poco después es asesinado Sten  en su despacho de un tiro en la cabeza. A partir de aquí, empieza a pensar en la conexión entre el accidente el padre y el asesinato del hijo. Reconoce el lugar del accidente y descubre accidentalmente la pata de una silla. A partir de ahí, toma conciencia de que el presunto accidente no era tal.





Las pesquisas llevan a una conclusión: la causa de la muerte del padre y el hijo tienen que ver con su actividad profesional. Gustatf Torstensson tenía como cliente exclusivo a un magnate de la industria, Alfred Harderberg. Es a partir de aquí que Wallander intentará establecer nexos de conexión entre estas muertes y el magnate. Este vive en el castillo de Farnholm. El magnate atiende a sus negocios por todo el mundo. La economía global hace que los negocios, las oportunidades se encuentran en cualquier parte del mundo. Por ello necesita estar en permanente movimiento. Wallander llama al castillo para concertar una entrevista con el magnate.

La visita finalmente se realiza y en medio de la entrevista Wallander entrever la posibilidad que el culpable de esas muertes sea quien tiene delante a pesar de la falta de pruebas. La sonrisa que exhibe el magnate le parece un a Wallander un signo de culpabilidad  y por ello tratará por todos los medios que esa sonrisa se le borre de la cara.

La investigación adquiere unos perfiles borrosos, las pruebas son poco claras, se rastrea cualquier conexión entre el despacho de abogados y Alfred Harderberg. El jefe de Wallander, Björk, así como el fiscal, le piden que vaya con cuidado, pues, delante tienen a un prohombre de las finanzas suecas. En una de las entrevistas a la antigua secretaria de los abogados asesinados la señora Dunér, Wallander descubre una mina en el jardín de la señora Dunér. El listín telefónico será la prueba que confirma que han puesto una bomba. La inquietud se adueña de la investigación. Además Wallander y Ann-Britt Hölglund son vigilados por un coche mercedes cuando acuden a una entrevista para seguir una de las pistas. En ella aparece el nombre de Lars Borman, que había aparecido en la investigación. Sin embargo, éste había muerto, oficialmente se había suicidado. Era auditor de cuentas y había investigado un desfalco en la administración. Wallander tiene la convicción que todos cabos sueltos de la investigación debían tener su origen en el castillo de Farnholm y a Alfred Harderberg quien los movía.

¿Por qué alguien  que  tiene poder económico y social puede ser el instigador de los asesinatos?  Los hechos, excepto, la muerte de Gustatf Torstensson, Harderberg se hallaba fuera del país. ¿Podía ser alguien ajeno al castillo? Wallander creía que no. Había que seguir buscando, pero el tiempo para investigar se estaba acabando.

Logran introducir a alguien en el castillo. Y esa voz dará una señal que marca el principio del fin para la investigación. En el castillo se preparan las maletas para marcharse. Wallander lo interpreta como un signo más que van por la buena dirección. No voy a seguir contando lo que sucede.

Finalizo, Henning Mankell es un escrito que utilizando un género literario, la novela negra, va más allá de ella, para hacer un análisis de su sociedad, la sueca, y por extensión, nuestra sociedad. Sus radiografías son una buena muestra de lo que le sucede, de las paradojas a las que se enfrentan, de los dilemas morales en los que se ven envueltos los protagonistas, especialmente, Wallander, hacen de Mankell un autor de primer orden. Además, son aditivos, por ello conviene atenerse a las consecuencias, si empiezas, después no vale quejarse de que no hay manera de dejarlo. ¡Quién avisa no es traidor!

dilluns, 19 d’abril del 2010

Wallander y el enigma Sudafricano


¿Qué relación existe entre el asesinato de una agente inmobiliaria, la aparición de un asesino profesional negro y la ominosa  aparición de un auténtico agente de la guerra fría?

La respuesta a estas cuestiones son las que trata de desentrañar la novela de Henning  Mankell “La leona blanca”. La novela adquiere perfiles internacionales e indaga sobre el final del régimen racista de Sudafrica al final del mandato de F. De Klerk y la necesaria transición de poder desde la minoría blanca a la mayoría negra de N.Mandela.

La novela es extensa e intensa. Wallander será un peón más en una conspiración tramada en Sudáfrica por blancos que no quieren perder el poder absoluto. Traman un golpe que de acabar con éxito supondría un baño de sangre y una escisión insuperable entre negros y blancos. Y es que desde la perspectiva de estos boers fanáticos la lógica es sencilla: cuanto peor, mejor.

¿Qué tiene que ver todo esto con Ystad (Suecia)?  La novela se desarrolla en paralelo entre Ystad y Ciudad del Cabo, así como otras ciudades sudafricanas, la conexión se llama Victor Mabasha. Éste lleva de cicerone en Suecia a unos de los personajes antológicos de la novela,  Anatoli Konovalenko. Éste es un fósil de la guerra fría que tiene como radiante porvenir afincarse en la Sudáfrica racista.Y es que los extremos se tocan. Del paraíso soviético al jardín sudafricano. Para ello está conectado en Jan Kleyn que es miembro de los servicios secretos de Sudáfrica y principal cabecilla de la conspiración que ha puesto en marcha.


Todos tenemos nuestros secretos. También Jan Kleyn. Se llama Miranda. Es negra. Y la Sudáfrica del apartheid es delito los matrimonios mixtos. Para Jan Kleyn es una pasión que se queda encerrada entre cuatro paredes. No sabe que Miranda lo odia hasta la médula. Esa es la debilidad del apartheid. Los blancos lo toman como sumisión, pero ésta atiza una pasión profunda contra ese sistema que embrutece a los blancos y deja a los negros en las puertas de servicio de cada vivienda de los blancos. Son invisibles en su propio país. La grandeza de N.Mandela fue pedir un gesto de generosidad sin precedentes. Para Mandela Sudáfrica es lo suficientemente grande para que convivan blancos y negros. No hubo revancha como algunos temían, la revolución que se llevo a cabo fue de índole democrática.  El gesto de reconciliación entre Mandela y De Klerk , entre negros y blancos, sello la posibilidad de una transición políticos sin precedentes.

En toda trama siempre aparecen víctimas colaterales y en esta novela no faltas. La primera se llamaba Louise Ǻkerblom. Su asesinato será el punto de partida para que Wallander vaya adentrándose en un mundo cada vez más violento e incomprensible.

A medida que investigan la desaparición de Louise parece que no hay pistas a seguir, pero la casualidad, quiso que accidentalmente fuese encontrada en un pozo con un tiro en la frente. Es evidente que la desafortunada Louise se encontró en el lugar inadecuado y en el momento más inoportuno. El asesino que la mato podía haberse ahorrado el trabajo, pero no quería ningún cabo suelto. Así que decidió por lo seguro, matar. Konovalenko es el artífice de un reguero de muertes, entre ellos a policías, a su pupilo Víctor.
Los planes de Sudáfrica llevan su curso y se espera lo mismo en Suecia, por ello Konovalenko quiere impresionar a Jan Kleyn. Le miente diciendo que todo va bien, pero las cosas se le van de las manos. Víctor no da la talla a pesar de ser un asesino a sueldo. Su muerte supondrá la aparición de un nuevo sustituto Sikosi Tsiki. Suecia es el escenario del entrenamiento para atentar en Sudáfrica. Wallander avanza en sus investigaciones y está llegando a la figura ominosa de Konovalenko.

Wallander descubre la casa franca donde ha huido del  anterior cerco policial. En la persecución Wallander tendrá que sobrevivir a su prueba de fuego. En medio de la niebla y dentro de un campo cercano al mar, tendrá que hacer uso de las armas para poder salvar su vida. Mata al socio de Konovalenko.  Éste ya había preparado diferentes escenarios alternativos para salir airoso, secuestra a la hija de Wallander, Linda. La mujer de Rykoff, Tania, logra que puede escaparse de lo que sabe una muerte segura, pero su acción le costará la muerte a manos de Konovalenko que se ensaña con ella.  Hay persecuciones y carreras y finalmente Konovalenko se estrella con su coche que se incendia y muere abrasado.

El asesino sudafricano logra escapar hacia Sudáfrica, la suerte y la negligencia de la policía logra alcanzar su objetivo. El día previsto está en posición de tiro para acabar con cualquier esperanza entre negros y blancos. Sin embargo, la policía sudafricana logra dar con el asesino desbaratando en el último instante la catástrofe.

En fin, una novela que va más allá de la literatura, pues, su mensaje es de esperanza: la reconciliación es posible. La vida en común es necesaria y puede llevarse a cabo a pesar de una historia que hacía presagiar desastres, la sociedad liderada por políticos que tuvieron el coraje de mirar hacia el futuro y no al pasado pudieron construir los puentes necesarios para pasar de una sociedad basada en el apartheid a otra sociedad democrática donde todos sin excepción son necesarios.

dissabte, 6 de març del 2010

Wallander en Riga


Los perros de Riga (1992), la novela de Mankell confirma que estamos delante de un autor que utiliza la novela negra para ir más allá de ella. En esta ocasión se adentra, literariamente, en los oscuros sótanos de los países de la órbita de Moscú.  

La llegada a la costa sueca de un bote con dos cadáveres con una bala en el corazón como recuerdo, inicia todo un recorrido, que hará del inspector Wallander, el héroe de una historia siniestra.¿Cómo se inicia una investigación criminal? ¿Qué se hace cuando no hay pistas? Cuándo se desconoce ¿quiénes son los muertos?, ¿dónde los mataron?, ¿de dónde provenían? Respuestas que requieren de tiempo y suerte. La historia se desencadena cuando una llamada anónima anuncia la llegada de un bote con dos muertos como viajeros.  





La investigación se inicia con todas las incertidumbres del caso. No hay pistas y se desconoce todo de todo. Los hilos de la investigación tejen una trama que lleva en una dirección: los países del este. Lentamente la investigación empieza a cobrar rostro. La dentadura de los asesinados demuestra que son ciudadanos del este. La cooperación internacional da sus frutos cuando desde Riga (Letonia) dan con los nombres de los asesinados. Para acelerar la investigación llega a Ystad un investigador de la policía letona.

El retrato de un país totalitario (Letonia) al inicio de un proceso incierto (1992)en el orden político, donde fuerzas divergentes, tratan de llevar cada uno a su objetivos políticos. Un Wallander que se erige en árbitro  de las maniobras entre la policía dividida como expresión de la división de país, entre la fidelidad a Moscú y aquellos que sueñan con un país independiente. Y ese árbitro que siente  en su corazón los embates del deseo.

Mankell demuestra con sobriedad y una solvencia extraordinaria las descripciones de una sociedad hundida en la miseria moral y material que el régimen comunista ha acabado por imponer. Las descripciones de la ciudad, su fealdad, el miedo que lo impregna todo, los “perros de Riga” que siguen el rastro de Hegel/Wallander, las traiciones y los golpes de efectos, son realmente notables, los ideales de emancipación acaban convirtiéndose en pesadilla  y la condición humana queda reducida a esclavitud en nombre de un radiante porvenir. Wallander que viene de una sociedad democrática y libre, se sorprende de las condiciones que la sociedad puede llegar a estar amordazada en nombre del socialismo.

De los ideales abstractos se llegan a pesadillas concretas, donde la libertad del individuo es pisoteada en nombre de un futuro porvenir. Y, Wallander, reconoce que la libertad que defiende es frágil, tanto como el deseo que siente por la mujer del oficial de policía asesinado por oficiales corruptos de la policía de un país que aún no sabe hacia dónde se dirige: hacia la anarquía social o hacia una sociedad libre, donde los “perro de Riga” están de más.

dissabte, 9 de gener del 2010

Novela negra...sueca


Novela negra, la expresión tiene su origen en el escritor norteamericano Raymond Chandler. Su expresión ha hecho fortuna. Y hablando de fortuna ahí está el éxito de las novelas de Stieg Larsson (1954-2004) y su famosa trilogía "Millennium".  Las novelas de Larsson son entretenidas, sus páginas se parecen a planos visuales, sus descripciones se parecen a los catálogos de venta por correo. Ameno, superficial, apto para todos los públicos. Entretiene sus peripecias truculentas, sus personajes son del todo poco creíbles. Especialmente, Lisbeth Salander. Su particular "autismo social" permite desdibujar al personaje, hasta hacerlo plano. Sale de las situaciones como un prestidigitador que saca de su chistera un conejo o una paloma. No importa lo poco creíble que sea la situación. Tiene recursos para todo. Las páginas describen hechos y situaciones de todo orden. Pero falta algo. No basta ni Mikael Blomkvist, ni la conspiración de la inteligencia sueca, ni Zalachenco...




¿Qué falta entonces? La respuesta está en la escritura. Leer una página por poner un ejemplo de Philip Roth de "La mancha humana" (ed.Debolsillo) es suficiente para ver las diferencias. En este caso, la novela negra tiene su sentido irónico. O sea, leer a Larsson, siendo agradable y entretenido, no supera ni la intensidad y la profundidad de los personajes de Roth, por ejemplo. Tampoco de Henning Mankell. La serie Wallander, es un buen ejemplo de novela negra.

Uno imagina a una Suecia en el que el Estado del bienestar hace que las injusticias sociales sean lo menos dolorosas posibles, pero al leer la novela negra sueca, parecen dibujar una Suecia que cuesta reconocer. Detrás del bienestar se esconde una sociedad doliente. Suicidios, alcoholismo, violencia. ¿Eso era el paraíso de la sociedad del bienestar? Parece que Henning Mankell y en otro registro Larsson nos dicen que no todo es oro lo que reluce en Suecia.



Acabo de leer "Pisando los talones" de Henning Mankell. El libro es un buen ejemplo de buena novela negra. Mankell no es Roth, pero tampoco es Larsson. Su novela deja que las cosas sucedan, las descripciones y las situaciones son realistas. Las reflexiones sobre Suecia son aceradas y ácidas. Hay desencanto y frustración. Reflexiona sobre la condición humana y el papel de la policía. La novela y su personaje central Kurt Wallander y los demás personajes se les ve a lo largo de la novela pasar por todas las fases de una investigación criminal. ¿Cómo saber quién es el asesino o asesinos? ¿Cómo empezar a buscar pruebas?


La violencia que describen es extremadamente desasosegante. Psicópatas astutos, fríos, calculadores. Y frente a ellos se oponen inspectores/as que tienen problemas domésticos, Wallander y su diabetes incipiente que le hace orinar terrones de azucar,etc. Radiografías de una sociedad que debería estar encantada de tener y poseer lo que tienen, pero que no acaba de estar bien consigo misma.

Leyendo a estos autores suecos parecería que en el infierno no hay fuego, sino hielo.No he leído todas las obras de Mankell, leí "Asesinos sin rostro", en el que la inmigración estaba en el trasfondo de la novela y el inspector Wallander iniciaba su andadura. Leeré más novelas de este autor, ya que desgraciadamente, la muerte prematura de Larsson ha truncado su vida y carrera como novelista.